Sí, trabajé en la ruta de la seda. Es verdad lo que dicen: nunca estés en deuda con un ogro. He visto hombres abandonados para morir en las laderas heladas de las montañas porque sus piernas... bueno, estaban más que rotas. No es sólo el dinero. Los ogros realmente odian las deudas, cualquier deuda. Una vez ofrecí a un ogro en mi caravana un sorbo de mi petaca, e insistió en darme una moneda por ello, y eso que era amigo mío. Aun así, son buenos tipos, la mayoría de ellos, una vez que los conoces y no les debes nada. Nunca me reí tanto como junto a una fogata de ogros.
En otra ocasión, el grandote (Kan, los llaman), que estaba protegiendo nuestro convoy, estaba teniendo problemas con un rival, otra tribu tratando de entrar en su territorio. Por lo que me contaron, nuestro tipo le vendió una caja de leña y escondió un saco de piedras preciosas dentro. El otro kan estaba tan avergonzado de haber contraido accidentalmente esta deuda, que se tiró por un precipicio. Crees que me lo estoy inventando, pero nunca has conocido a un ogro de las montañas. Unos maravillosos bastardos locos.