En los tiempos del gran sufrimiento
La tierra hervía
Los cielos se oscurecían
El agua era ácido, la comida se podría y corrompía
Y toda clase de viles criaturas antinaturales
Campaban el territorio
Como una horda de malicia.
La marea barrió con todo,
No eran pocos, sino incontables,
Los corazones de aquellos que los vieron se detuvieron.
Los myahet fueron arrastrados ante ellos
Dispersados a los cuatro vientos.
Entre los demonios se hallaban
El Cambiaformas y El Putrefacto,
Brutos aterradores y poderosos hechiceros,
Armados con cadenas de hierro y discos volantes
Que nunca perdonaban
Las almas de sus enemigos.
Con estos dos también llegaron
Retorcidas criaturas sedientas de sangre
De todas las horrendas formas.
La mayor de ellas
Era Foloy el Portacráneos
Un gigante rojo vestido en hierro.
Deberías haber visto a Foloy;
Dispuesto a atacar como un dientes de sable,
Sus temibles hachas, grandes como un caldero
Su rojo pellejo, impenetrable,
Con grandes cuernos y alas rasgadas.
Los destructivos impíos
Aullaron de furia.
Recibiendo la orden de su kan,
Los demonios partieron
Desde el vasto Yermo.
Tenían carros vivientes, aplastadores,
Sabuesos infernales y bestias pestilentes,
Y a estos pululantes infieles
Acompañaban numerosas máquinas demoníacas.
Las interminables legiones marcharon,
Un denso bosque, una inundación implacable,
Ondeando sus estandartes,
No eran pocos, sino muchos.
Nadie podría oponerse a la fuerza engendrada
Hasta que el gran Tsanas reunió
A los myahet supervivientes en el Pico Hogar,
Y cargó junto a ellos a la terrible batalla.
La montaña bañada en sangre y cuerpos
Tantos eran los demonios.
Pero tal era la fuerza del poderoso Tsanas,
Acabó con el Cambiaformas
Acabó con el Putrefacto,
Y con incontables más.
Luego el gran Foloy, el Portacráneos,
Lo retó a un duelo.
Tsanas, Kan de Kanes,
Cruzó el campo de batalla para enfrentarlo.
El gigante rojo enterró sus hachas
En el vientre de Tsanas.
Pero incluso en la muerte, el héroe
Se llevó la cabeza de Foloy con su martillo.
Los demonios huyeron horrorizados,
Y los myahet persiguieron.