La pregunta de un erudito, aunque mayor no siempre significa mejor. Mi propia biblioteca, aunque pequeña, contiene muchas primeras ediciones que no se encuentran en otros lugares. El hecho de que sean mis propios libros es una mera coincidencia —¡excelentes volúmenes todos ellos!—.
Hay muchas bibliotecas grandes en el mundo. He visitado todas aquellas a las que conseguí acceso en mi búsqueda de sabiduría. Pero no toda cultura trata las bibliotecas de la misma manera.
Los elfos de Celeda Ablán quizá posean la mejor de entre las academias de magia. Asfada es una verdadera joya, y una vez tuve el privilegio de permitírseme la entrada para consultar un puñado de volúmenes, aunque en las antecámaras del más mundano edificio y bajo vigilancia constante.
Aschau también alberga muchos volúmenes de importancia —las facultades a lo largo de Sonnstahl han tratado durante mucho tiempo de codificar el conocimiento y perfeccionar su enseñanza a la siguiente generación de profesores y poetas—. Siempre he pensado que aprender de memoria es poco original para mi gusto: el aprendizaje se debe saborear; es una experiencia personal que no hay que tomar prestada de otros.
A pesar de ello, tal vez sorprendentemente, sospecho que las mayores colecciones de trabajos publicados se encuentren en las ciudadelas de las Llanuras Malditas. No se debate a menudo —pocos aprecian que sus negocios con los Enanos Infernales salgan al descubierto—, pero mi creencia es que ellos fueron los primeros en perfeccionar la imprenta, y todavía producen los mejores ejemplares que uno puede encontrar.
Ni siquiera estoy convencido de que dichos enanos valoren la sabiduría que han acumulado en sus cámaras de piedra. Sí sé que he comerciado a menudo con Zalamán Tekash para obtener muchos volúmenes de otra manera imposibles de adquirir. Mucho de los que pasa de Este a Oeste deja una parte de sí con los Enanos Orientales en su camino —¿por qué no también el conocimiento?—. Ciertamente, ellos son expertos en determinar el valor, de entre otras muchas cosas.