Encontramos alimañas en esas colinas, y no del tipo que podrías tener como mascota. Estos eran grandes bastardos, ¡caminando sobre dos piernas! Nos dieron una buena ese día… Sí, te contaré la historia. Pero te costará otra jarra, y alguna más para cuando haya terminado.
Habíamos estado picando el estaño en las colinas. Mandándolo río arriba hasta Vanez. Y, sabes, habíamos tenido problemas con las alimañas desde el principio. Pero el Clan había invertido demasiado como para abandonar la operación. Inicialmente los reprimimos. Pero se fueron volviendo más valientes. Llegamos a un punto en que nos estábamos enfrentando a un ejército entero de esas cosas. De dónde venían, no lo sé. Yo era un montaraz. exploraba aquellas colinas cada día ¡y no vi ni una sola cola! Creo que es por que viven en madrigueras en las colinas. A veces derrumbaban nuestros túneles y huían tras acabar con unos pocos de los nuestros. Pequeños escaramuzas. Nada importante. Estas bajas eran aceptables para el Clan y sus familias eran compensadas. Luego llegaron los buscamuertes. Dos de ellos. Tipos raros estos buscamuertes. Supongo que habían oído sobre esos enanos perdidos en las minas. Vinieron en busca de venganza contra las alimañas, ya que el Clan no pensaba hacer nada. Y ahí empezaron los problemas.
Los buscamuertes habían estado causando problemas. «Protegiendo el honor del Clan y asegurando que el Juramento de Protección se cumplía», decían. Sí, otra jarra. ¿Por dónde iba? ¿Los buscamuertes?. Se guían por los antiguos principios. «Los Dioses» dicen. Visten amuletos y poco más. Gastan su tiempo rezando y persiguiendo perjuradores. Ah, sí, que habían venido a cazar alimañas. Asegurarse de mantener el honor del Clan. Pero metieron sus barbas donde no debían, y molestaron a algo vil bajo aquel páramo. Korontav lo llamaban los locales, sí.
Llegaron en una noche oscura. Nublada pero sin lluvia. Estaba a punto de partir con mi grupo de montaraces cuando sonó la alarma. Estábamos a las puertas, y listos para la batalla en un suspiro. Pero no estábamos listos para lo que se nos venía encima. Pensamos que sería una avanzadilla de ratas. Nada organizado. Pero cuando eché un vistazo al páramo aquella noche, debo admitir que sentí miedo en mi corazón. Habían venido en número…
Sí, ya sé que es la cuarta. ¿Quieres que te cuente la historia o no...? Esos buscamuertes hablan de Dioses, pero te aseguro que no había Dioses ayudándonos aquella noche. Nunca había visto nada así. ¡Desde el cielo cayó un pedazo de montaña! Algo impensable. Roca, cayendo del cielo. Esto claramente era obra de las alimañas. Golpeó justo en el centro de nuestras filas. Uno de los buscamuertes, el enano más valiente que jamás he visto. Lo vio venir. Ni se movió. Cantó una oración a esos «antiguos Dioses» suyos y recibió el golpe. Directo a la cabeza. La roca era enorme. ¡Lo pulverizó completamente, junto con toda nuestra artillería! ¡Dejó un cráter del tamaño de esta cervecería! El otro buscamuertes puede que te suene, un tal Duthar. Sí, el mismo Duthar. Bueno, fue suficientemente listo para apartarse del camino de la roca. A lo mejor su fe en los «antiguos Dioses» no era tan firme como dice la canción, ¿eh? Estábamos bajo el fuego de las montañas que caían y una lluvia mortal de disparos de pistola, y la mayoría de los chicos ni siquiera habían llegado a la batalla. Ahí supe que sería una larga noche.
No, no he tenido suficiente… ¡deja de interrumpirme! ¡Necesito una bebida en mi mano cuando alabo a los muertos! Les dimos guerra, permite que te diga. En aquellos tiempos yo era un buen tirador. Tras un par de salvas aquellos pistoleros huyeron con el rabo entre las piernas. Éramos demasiado para ellos. Una pena lo del resto del clan. Los chicos no paraban de caer, y no había mucho que pudiéramos hacer para evitarlo.
Sí, chico, lo vi. Vi cuando Duthar cayó. Y fue glorioso. Esos buscadores, pasan de la armadura. Piensan que deshonra los antiguos modos o algo. Son todo supersticiones. Sí, conozco la balada. Estaba allí. Bueno, si hubiera llevado armadura, habría sobrevivido, ¿no? En cualquier caso, Duthar propinó a la bestia un golpe mortal, justo en el lateral del cuello. Su hacha estaba enterrada en la monstruosidad. ¿Cómo de grande dices? Tan grande como esta mesa. Nunca había visto una rata de ese tamaño. Y uno de sus líderes la estaba montando como si fuera un caballo. De locos. Pero sí, su hacha se quedó atrapada, y bueno, la rata monstruosa le mordió todo el hombro, sus dientes clavándose en su estómago y la parte baja de su espalda. Un golpe igual de mortal. El color se desvaneció de su rostro inmediatamente. Supo que estaba acabado. Con un rugido, Duthar arrancó su hacha. Y toda esa sangre y pus lo siguieron. Era ácido. Quemó su brazo y rostro. Por eso le llaman el Mano Ensangrentada. Con un último golpe, Durthar propinó a la bestia un último hachazo, justo sobre la herida previa. Casi le corta limpia la cabeza. Como decía, esos buscamuertes son unos tipos valientes. La bestia cayó sobre él, con jinete y todo. Fue un día triste. Perdimos un buen puñado de buenos enanos ese día. ¡Esta va por ellos! ¡Por Duthar!
No vi la última resistencia de los barbagrises. Esos viejos cascarrabias. Tozudos hasta el final. ¡Por ellos! Ya estaba lejos por entonces. Había perdido a la mayoría de mi unidad, y el estandarte del bastión había caído. ¡Y otra! ¡Por mis camaradas caídos y el estandarte perdido! Esas malditas alimañas. Los vengadores volverán al Páramo de Korontav. ¿La balada? Sí, la balada. Consígueme otra jarra y podrás oírla…