Niebla de Guerra

Combatimos a los Elfos de la Oscuridad en el Estrecho Negro, una pequeña pero profunda bahía en las provincias septentrionales. Yo servía como infante de marina a bordo del mismísimo buque insignia del Caballero Comandante Branberg, el Ocaso de la Ambición. Era la primera y única vez que me he enfrentado a esas criaturas malditas por Sunna. ¿Cree que sabe de embrujos y magia, inquisidor? Yo no estaría tan seguro. Sus brujas eran capaces de crear niebla de la nada, arrastrarnos a persecuciones frenéticas, y confundir a los marinos más veteranos que jamás encontrarías surcando los mares. Y eso no era nada comparado con lo que podrían hacerte si se encuentran con tu mirada; era como si cada vergüenza, cada secreto que escondieras, quedara expuesto frente a ellas. Combatiría contra un hombre o un enano sin problema, al menos ellos directamente me matarían. Una bruja tan solo me haría desearlo así.