Su magnífica excelencia:
Los ogros son mercenarios, así de simple. Puede que no busquen la violencia si no hay necesidad (las guerras cuestan dinero), pero tampoco dudarán en emplearla para asegurar sus intereses comerciales. Su supervivencia en las montañas, donde nada crece, depende de un monopolio sobre las riquezas que atraviesan sus tierras. Cualquier sustancia que se mueva hacia el este o el oeste en este mundo está sujeta al diezmo ogro, a menos que viaje por la Calzada de Acero. Muchos son los grandes líderes de Sagaricadesa que han tratado de transportar bienes a través o alrededor de las montañas sin negociar, y todos han pagado en sangre lo que no quisieron pagar en oro.
Si busca evitar estos miserables intermediarios, tan solo hay una opción, que es la de pagar por un viaje oceánico zarpando desde los puertos meridionales. Incluso esto tiene sus riesgos de represalias si los ogros encuentran buen viento, y no obviemos el uso que los elfos nobles hacen de su control sobre los mares, no menos despiadado que el que los kanes hacen en tierra. Recuerde que el kanato fundado por Bayalag, que rigió Sagarica durante varios siglos, originalmente tan solo pretendía asegurar el uso de sus rutas comerciales. Existe la posibilidad de que podamos ver otro kanato como el Sagariqués en lo que nos queda de vida.