¿Dónde viven los dragones? ¿De dónde vienen? ¿Son seres conscientes? Pocos son los que han encontrado el nido de un dragón. Menos aún los que han sobrevivido a la experiencia. Durante muchos años, el valor de un huevo de dragón ha llevado a diversas expediciones a tomar graves riesgos. En consecuencia, los dragones parecen construir sus hogares en los lugares más inaccesibles: peñascos rocosos, montañas lejanas, islas remotas, algunas incluso en el Yermo y otras áreas de alta magia o donde el velo es más fino.
Nadie sabe de dónde vienen los dragones. Desde que otras razas han documentado su historia han existido representaciones de dragones. Las pinturas más antiguas en cuevas y los artefactos saurios los ilustran: unas veces en combate, otras veces mostrados como dioses.
En cuanto a su consciencia, hablé una vez con un dragón. El más breve de los encuentros, mientras viajaba por un remoto paso de montaña. Buscaba un oscuro conocimiento, del tipo que la juventud cree que sólo se puede encontrar en lugares remotos. La sabiduría que encontré no era lo que esperaba, pero la he atesorado desde entonces. El retumbar de las palabras como truenos, de una garganta nunca construida para formar nuestro discurso, pero no dispuesta a ser obstaculizada por la mera biología. La conversación la conservo para mí y la atesoro, pero la considero la más aterradora, estimulante y humilde experiencia de mis largos años. Consciente no alcanza a cubrir el intelecto que presencié ese día.