La Grandeza de los Nobles

Fabián:

He oído hablar de los infortunios del embajador Rennstein. El pobre necio estuvo aquí antes de su viaje, buscando consejo, pero la evidencia demuestra que no sacó mucho provecho de ello. Sigo creyendo que fue una locura enviarlo a los elfos de las Islas Blancas, pero buscó respuestas al problema que tiene la gente de Fredericksberg. Esos pobres han estado viviendo con los saurios durante muchos años. Sin embargo, esos seres escamosos son tan herméticos para nosotros como los cocodrilianos disfrutando del sol en la casa de fieras imperial. No me atrevo a adivinar lo que mueve a estos enigmáticos seres, pues es tan probable que ataquen como que defiendan a aquellos con los que entran en contacto, a menos que sean provocados. Lo que se puede deducir de los testimonios de vagabundos y aventureros que vivieron para contar sus historias es: «doblégate, apártate de su camino y reza por que no se presenten en tu puerta». Si tienes suerte y tu bolsillo es lo suficientemente profundo como para soltar la lengua a algún enano en el Jabalí Rojo, quizás escuches uno de sus himnos llenos de malicia y temor que hacen a uno cuestionarse qué horrible edad comenzaría si esos legendarios señores saurios se alzasen de nuevo.

Sin embargo, parece que mis instrucciones sobre las costumbres de los elfos cayeron en oídos sordos. Los cortesanos y señores de Aldán son civilizados más allá de lo imaginable por los menos afortunados de este mundo. Pero aquellos sentados en el alto consejo son tan astutos y despiadados como cualquiera de los tres potentados ataviados en carmesí que gobiernan a sus parientes guerreros en Silexia. ¿Fue el largo viaje o el legendario rostro de la reina élfica, lo que hizo papilla el cerebro de Rennstein? Fuese lo que fuese, pagó por sus errores tanto en sangre como en perlas. Casi se podría decir que tuvo suerte de que el consorte de la reina fuese un noble rymano. Todo vestido de pies a cabeza con la imagen de un dragón y con un corcel a juego, no hay duda de que no se trataba de otra cosa. Al violar el protocolo, era necesario mantener el honor y Rennstein, formado como caballero, eligió la lanza.

Tú has visto la carga de los Caballeros equitanos en la séptima batalla de los Vados de Gewache. Recuerdo que dijiste que era la hazaña más asombrosa de la equitación en el mundo. Ahora debo mencionar que ese título no está exento de rival. Los caballeros dragón de las Islas Blancas son más rápidos, y mucho más elegantes que cualquier guerrero nacido de una humana haya visto. Parece que fue su pobre actuación lo que salvó la vida de Rennstein; al parecer, el elfo estaba tan decepcionado que contuvo el golpe final y se marchó, dejando que Vogt arrastrase al magullado y ensangrentado embajador de vuelta a la nave. Sin embargo, esta desgracia que él mismo se causó podría caer sobre todos nosotros, la corte imperial está dividida en cuanto a qué hacer en respuesta. Algunos quieren enviar regalos de apaciguamiento, otros claman guerra y el Mariscal Imperial Haas nos visitará en dos días para tratar el asunto.

Hasta que volvamos a vernos,
Segismundo