Los graznidos sagrados llaman y yo respondo a la llamada,
pues yo soy la balanza que pesa el mundo,
mi arma es el don de la justicia,
mi golpe es la caricia del juicio.
Soy el instrumento de la Reina de las Cuchillas,
el cuervo carmesí que ella posa sobre los malvados,
desde los fuegos del hogar hasta los infiernos más allá,
¡No vacilaré, no cederé!
Pues yo soy el profeta de la paz,
la mano derecha de la muerte justa,
el ungido verdugo de Nabh.
Temblad y desesperad, malhechores.
¡Pues yo soy la Ley!