El final de Calamandran

Querida Cyrela:

Antes de que recibas esta carta, la noticia de nuestro fracaso —mi fracaso— habrá llegado a nuestras costas. Las tierras de nuestros antepasados permanecen fuera de nuestro alcance, y las criaturas que moran en nuestra herencia permanecen invictas. En nuestra arrogancia, los hemos subestimado —los he subestimado—.

Elfos traicioneros, sucios enanos, hombres incivilizados y cosas peores se alzaron para resistirnos, la furia de un continente desatado contra nuestras legiones. Quince años aguantamos, pero por desgracia fui incapaz de cumplir la tarea que el Senado me encomendó.

Te ruego que te asegures de que el oráculo de Sied Emba reciba una suculenta ofrenda de higos. La bruja mentirosa prometió que los presagios eran auspiciosos, incluso tuvo el valor de decirme que la gloria me esperaba y que ni siquiera necesitaría regresar a Dathen para reclamarla.

Mientras ordeno a los supervivientes que naveguen hacia el oeste, solo me queda mi honor. Te prometo, mi ruiseñor, que te haré sentir orgullosa.

Por favor, besa a Maebh y Cara por mí y diles que su padre murió por su futuro.

Eternamente tuyo,

– Calamandran